Un planeta poco preparado y con problemas que pasaban por debajo de mesas vacías descubre a seres humanos más pobres pero mejor informados para actuar contra el hambre

El virus entró literalmente por la boca. A pesar de la existencia de muchas teorías, algunas que afirman que el coronavirus fue creado en un laboratorio y muchas otras que incluso niegan su existencia, la versión que más resuena es la que sostiene que el paciente cero se contagió al ingerir alimentos de un mercado húmedo ubicado en Wuhan, China.

La alimentación es uno de los grandes escenarios que se ha visto impactado durante el desarrollo de esta enfermedad y podría acumular importantes modificaciones en una era post pandémica, como incrementos en cifras de hambre mundial, cambios en estilos de vida, en las formas de nutrición, además de nuevas estrategias de producción y de negocios.

Según cifras de las Naciones Unidas, hace un año más de 820 millones de personas padecían hambre y al menos 2.000 millones no tenían acceso regular a los alimentos. Para el 2020, el Programa Mundial de Alimentos pronosticó que unas 270 millones de personas se enfrentarían a una inseguridad alimentaria severa, de las cuales un 44% son consecuencia del COVID-19.

Se prevé que la población mundial ascenderá de los 7,7 mil millones actuales, a 10 mil millones para 2050. ¿La producción de alimentos aumentará de forma medianamente proporcional a esta cifra para poder satisfacer multitudes? 

El hambre

Una mujer en situación de vulnerabilidad recibe alimentos en el comedor «Contra Viento y Marea» en la ciudad de Tijuana, estado de Baja California (México). EFE/Joebeth Terriquez

Datos publicados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura pronostican que para el año 2030, casi el 10% de la población mundial se verá directamente afectada por el hambre. La pandemia ha incrementado el desempleo, las restricciones de movilidad, las alteraciones en la producción y distribución de alimentos y la reducción de ayuda humanitaria.  

Latinoamérica se posicionó como la región del mundo que más trabajo perdió entre abril y junio, y acumuló casi la sexta parte del equivalente a 495 millones de empleos perdidos en el planeta. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) también prevé que los países latinoamericanos se mantengan afectados por la pérdida de empleo, que a su vez aumenta notablemente las cifras de hambre.

En 2014, el escritor y periodista argentino, Martín Caparrós, en su ensayo El Hambre, abordaba esta problemática y la consideraba como una vergüenza. La realidad refuerza su tesis.

Caparrós planteaba que desde hace aproximadamente cincuenta años se han dado una serie de cambios técnicos y de redistribución de los recursos que nos han hecho aptos para producir comida a unos 12 mil millones de personas. Existiendo actualmente una población mundial aproximada en 7 mil 600 millones de habitantes, ¿cómo se justifica el hambre en el mundo?

«Si todavía hay casi mil millones de personas que no comen lo suficiente, es porque esa producción no está encaminada a darles de comer a todos…»

Martín Caparrós

En este sentido se observan fallas en las cadenas de distribución de alimentos, y al mismo tiempo Caparrós señala una deficiencia en la distribución económica: “No es un problema de que no haya camiones, barcos o carreteras. Es un problema de que las posibilidades económicas de acceder a esos alimentos están mal repartidas. Unos que tienen mucho, abarcan todas las extensiones del mercado, y a otros que tienen demasiado poco que nadie, quieren mandarle leche o lo que fuera que no pueden pagar”, aseguró.

Soldados argentinos reparten alimentos a pobladores de barrios de bajos recursos, el 25 de marzo de 2020, en Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni

Adicionalmente, en Argentina, el número de personas que solicitaban subsidios de alimentos o acudían a comedores aumentó notablemente. Según Caparrós, en los últimos meses, esta cifra aumentó casi en un 50%, pues de 7 millones de personas -que lo consideraba como un porcentaje aterrador- la cifra tiende a elevarse a unos 11 millones de individuos. En la misma línea agregó que «en otros países de América Latina la tendencia es muy parecida, con matices y con diferencias”.

Gastronomía viral

Recientemente, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, señalaron que como consecuencia de la crisis ocasionada por el COVID-19, la población en condiciones de pobreza extrema en la región podría llegar a 83 millones de personas en 2020.

«La pandemia llegó a unas sociedades donde ya había hambre (…) Los expertos dicen que hemos retrocedido alrededor de 15 años»

Esther Sánchez Botero

Por su parte, la antropóloga y doctora en derecho colombiana, Esther Sánchez Botero, afirmó que la pandemia se presentó en un mundo donde existían condiciones de salud precarias, desnutrición e imposibilidad de acceder a esos alimentos que permiten tener un equilibrio biológico, psicológico y social.

Así como el Covid-19 se ha extendido a lo largo del planeta, las grandes técnicas de cocina y recetas tradicionales se han viralizado en las redes sociales.

Sin embargo, como resultado del confinamiento, al permanecer más tiempo en los hogares, gran cantidad de personas han decidido reencontrarse con sus cocinas y emprender un ritmo de vida un tanto más saludable. ¿Serán los seres humanos más sanos y ahorrativos en la post pandemia?

La chilena Amparo Caicedo cocina en su casa, el 10 de abril de 2020, en Santiago (Chile). El 3 de marzo se detectó el primer caso de coronavirus en Chile. En Chile rige el Plan Paso a Paso, una estrategia gradual para enfrentar la pandemia según la situación sanitaria de cada zona en particular. EFE/ Alberto Valdés Gómez

Desde que comenzó el confinamiento, las búsquedas en distintos navegadores de internet reflejan el creciente interés de las personas por recetas, desde las más básicas hasta las más sofisticadas. La plataforma web de videos YouTube verificó, con sus estadísticas y tendencias, que una gran cantidad de chilenos se preguntaba cómo preparar el eterno pan de la masa madre.

A lo largo de todo el mundo los usuarios visualizan más videos relacionados con la preparación de comida en casa. Como experta en identidad alimentaria, Esther Sánchez Botero, coincide con la estadística afirmando que, «la gente está queriendo cocinar la comida propia».

Un repatidos de comida avanza hacia su destino mientras un camión desinfecta las calles de Moscú. EFE/EPA/YURI KOCHETKOV

Es por esto que las recetas no han sido las únicas en hacerse tendencia. Nuevas formas de negocio y servicio a domicilio, o delivery, se han esparcido notablemente a partir de la pandemia por coronavirus. Como respuesta al cierre preventivo de establecimientos comerciales para evitar el contagio, las empresas relacionadas al mundo gastronómico se vieron en la necesidad de adaptar una nueva modalidad que les permita seguir adelante con las ventas.

La afamada chef catalana, Carme Ruscalleda, la única mujer en el mundo con siete estrellas Michelin, expresó que las nuevas generaciones están más que preparadas en este momento para el escenario futuro, puesto que han desarrollado la capacidad de reinventarse: “Hoy en día el campo de la gastronomía se ha organizado telemáticamente para ofrecer el servicio de llevar hasta tu casa una cesta con lo que producen o elaboran. Ese es un camino, esa es la creatividad”.

Consumo propio

A esta visión se agregan los valores del reconocido chef mexicano, y regente del exitoso restaurante mexicano Pujol, Enrique Olvera. Este cocinero considera que el tiempo muerto ha sido útil para tomar una pausa y para «repensar nuestros trabajos y el rol que jugamos en nuestra empresa«. Al examen de conciencia le agrega que, «este tiempo que tuvimos para analizarnos, nos ayudó a replantearnos cómo vemos el futuro«, indicó.

«LAMENTABLEMENTE EL SISTEMA DE PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS ES MUY DISPAREJO Y LA GENTE CON MENOS RECURSOS CADA VEZ TIENE MENOS ACCESO A LO LOCA

Enrique Olvera
EFE/EPA/JULIEN DE ROSA

La situación generada por el COVID-19 aceleró el cambio en la distribución de productos catapultando el retail, o las ventas al por menor, incentivando así el consumo local. Incluso, esta venta ha sido una forma de apoyo para aquellos comerciantes que han tenido el cierre de sus empresas muy cerca.

Enrique Olvera subraya que esta tendencia es importante porque además de solventar algunos aspectos de la coyuntura también fortalece a las comunidades.

Sin embargo, en medio de estas corrientes de producción se corre el riesgo de caer en nacionalismos y únicamente concentrarse en un mirar hacia adentro. Olvera manifiesta que el nacionalismo es un tema del pasado, que no aporta nada para tener un planeta equilibrado: «A mí lo que me gustaría es que pensemos en lo local, en la fortaleza de nuestros productores, en la integración de nuestras economías locales pero en un mercado abierto y en una comunidad de seres humanos, más que en una colección de naciones”, afirmó.

Para la antropóloga colombiana, Esther Sánchez Botero, todo esto dependerá de quién maneje las decisiones y hasta qué punto la sociedad civil pueda participar en generar cambios favorables: «Hagamos intercambios sobre lo mejor que podamos ofrecer para nosotros mismos y para los demás«, concluye la experta en antropología jurídica desde Bogotá.

Vencer el miedo a socializar

EFE/EPA/Fredrik Sandberg/TT

¿Qué se puede esperar para el futuro, en una era post pandémica? Los números nos garantizan el aumento del hambre, por lo que debemos debatir sobre el tema permanente a fin de encontrar soluciones contra el flagelo. Para Martín Caparrós, es necesario deshacerse del miedo para, poco a poco, retomar una forma de cotidianidad parecida a la anterior: «vamos a tener que conseguir deshacernos de eso para recuperar aquel placer de la sociabilidad. No sé si habrá que esperar la famosa vacuna», reflexionó.

El escritor argentino también puntualizó que a mediano plazo la lección de esta situación está vinculada a la necesidad de interconexión, en el entendido de que los actores responsables no deben aislarse según sus recursos económicos; y que fenómenos como la pandemia descubren un entramado que nos invita a «fracasar mejor», pues según su conocimiento erudito, «esa idea de la mínima solidaridad nos debe hacer saber que no hay islas y que vivimos todos en el mismo terreno», indicó.